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La Mamapacha te lo agradecerá
(Original)

Cristina Sevillano del Aguila
(Age 23, Peru)

 

A treinta minutos con carro y por medio de un camino sin asfaltar de la ciudad de Huaraz, capital del departamento de Ancash y a 420 kilómetros al noreste de Lima, capital del Perú, se encuentra el Centro Poblado Menor de Llupa donde está ubicada mi casa.

Mi familia vive acá desde hace cuatro generaciones. Mi bisabuelo, según cuenta mi abuela, maravillado por el buen clima e imponente vista, decidió comprar estas tierras. En la actualidad, vivimos en Llupa porque nos gusta estar rodeados de la naturaleza, la tranquilidad y la limpieza de su aire.

El Callejón de Huaylas, donde esta Llupa y Huaraz, y otros pueblos, es un valle andino entre dos cadenas montañosas, la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra. La primera recibe este nombre porque sus picos, los más altos del Perú, se hallan cubiertos de nieve; mientras que los de la Negra, no. Una parte del Callejón integra el Parque Nacional Huascarán, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, que resguarda gran cantidad de flora y fauna como los bosques de Polylepis, la puya Raimondi, la vicuña, el zorro andino, el venado y la vizcacha.

Llupa se encuentra en la Cordillera Blanca a 3200 metros sobre el nivel del mar. Está conformado por unas 2500 personas agrupadas en unas 350 familias. Las viviendas se encuentran dispersas entre las 400 hectáreas que mide Llupa, aunque la gran mayoría se encuentra ubicada en los alrededores de la escuela. Llupa además cuenta con un jardín de infancia, una posta médica y un centro comunitario. Si bien contamos con casi todos los servicios básicos, aún no existe el servicio de recojo y manejo de desechos (esto último en ningún pueblo o ciudad del Callejón). Entonces, ¿qué hacen las familias con sus desperdicios? Pues los tiran donde sea y, en el mejor de los casos, la queman (como hacemos en mi casa).

Por ejemplo, en ocasiones cuando salgo a caminar, llevo un saco en el cual voy depositando la basura que encuentro en los arroyos o entre los campos de cultivo. En varias oportunidades no he llegado al destino de mi caminata porque el saco ya está lleno y no puedo dejarlo en el camino para recogerlo después; porque, ya me ha pasado, alguien por robar el saco, lo vacía todo dejando la basura desperdigada en el camino. Aquellas cualidades que deslumbraron a mi bisabuelo -como la pureza y la limpieza- poco a poco se van deteriorando ante mis ojos.

En ese sentido, mi proyecto consiste en dotar de un relleno sanitario a Llupa. Además de la implementación y construcción de este, el proyecto contempla trabajar, desde un inicio, con la comunidad a fin de generar un cambio sostenible. Asumir un nuevo comportamiento, como es el caso de cuidar y respetar nuestro ambiente, precisa de la labor de todos, en el cual, la adopción de nuevas actitudes y prácticas a favor de nuestro entorno darán como resultado una mejor comunidad.

En un primer momento, el proyecto contemplará una investigación que buscará determinar aspectos técnicos de relleno (cuán grande debe ser, dónde debe ser ubicado, qué periodo de vida desea tener) y qué piensan las personas en relación a la temática de los desechos. Este punto es esencial porque el tema de la basura y su contaminación aún no es un problema que mis vecinos de Llupa, quienes en su mayoría son campesinos, quechua hablantes y con educación primaria, logran comprender. Creo que gran parte se debe a un desconocimiento de que las cosas que consumen contaminan cuando no son bien desechadas y que la basura, a pesar de ser basura, necesita de un tratamiento. Son conocimientos que nadie se ha preocupado en trasmitirles.

Teniendo en cuenta lo anterior se planearán estrategias educativas y comunicacionales concretas para trabajar sobre la necesidad e importancia de recolectar la basura, escogerla y no botarla en cualquier lado. También se podrá delimitar con mayor precisión de qué manera se debe abordar los temas de reciclaje y realización de compost orgánico. Tengo en mente comenzar a trabajar con las mujeres y los niños que asisten al colegio.

Creo que la principal idea a trasmitir, y sobre la cual se debe asentar el trabajo, es aprender a querer y apreciar lo que disfrutamos y aún tenemos en abundancia. Se debe subrayar el hecho de que otras generaciones podrán gozar lo que tenemos, siempre y cuando, nosotros comencemos a actuar ahora. Además, el proyecto quiere plantear un acercamiento activo y participativo de la comunidad de modo que todos seamos agentes de cambio.

Estos desafíos ambientales y culturales con los que quiero trabajar no encierran más que el deseo de saber que nuestros hijos podrán ver, e incluso alcanzar, esos hermosos picos blancos que se yerguen ante mi todos los días.